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Hace poco alguien del área académica de una universidad me compartió algo que me dejó pensando:
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“Tenemos reportes de todo. Pero cuando necesitamos tomar una decisión, nadie sabe qué hacer con esa información.”
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Y no es un caso aislado.
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Es el patrón más común que vemos en instituciones de educación superior en Colombia y Latinoamérica.
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Tienen el LMS. Tienen los registros de acceso. Tienen las notas, los tiempos de conexión, las actividades completadas y evaluadas. Sin embargo, muchos de estos datos están desconectados entre sí.
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Y mientras tanto, un estudiante en riesgo de desertar muchas veces pasan desapercibidos y no se toman acciones a tiempo.
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Los datos globales de 2025 lo confirman:
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Pero la analítica educativa no es mágica. Es una metodología. Es integración tecnológica. Es saber qué preguntas hacerle a los datos y para lograr esto, se requiere una sinergia importante entre el equipo académico y el equipo de tecnología que permita implementar los tableros de analítica de datos y alertas, de manera adecuada.
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En CYK hemos trabajado con distintas universidades e instituciones para recopilar los datos que requieren y que puedan convertirse en decisiones estratégicas que permitan optimizar la retención de estudiantes y los costos asociados.
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Por ejemplo, hemos realizado dashboards que un director académico puede abrir un lunes en la mañana y saber exactamente dónde están los problemas y qué hacer con ellos.
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Porque tener datos no es lo mismo que tener inteligencia educativa.
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Y esa diferencia, hoy, puede ser la que separa a las instituciones que retienen estudiantes de las que los pierden sin entender por qué.
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¿Tu institución ya está usando sus datos para tomar decisiones? Te ayudamos a hacerlo.
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